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Por José A. Cabezas
Gracias Sai, cuando nacen como fruto de mi jardín, las flores de mis penas. Gracias por la dicha y gracias por el luto. Gracias por sentirte correr entre mis venas.
Por los días fugaces revestidos de llanto; por las noches serenas en que descanso el alma. Gracias porque siempre Tu Espíritu Santo me acompaña celoso cuando pierdo la calma.
Gracias Sai cuando mis ojos advierten del alba la luz de tu día; porque he hallado vida en unos labios rojos, porque he encontrado en otros la melancolía.
Tú, solo Tú ... en las flores que toco; en la brisa que canta y en la tarde que llora; en la mente del sabio y en la mente del loco; en el alma que odia y en el alma que adora.
Si mis ojos no te ven, sí te presiento en los niños que juegan en torno a mi lecho; cuando mil golondrinas jugando en el viento me inspiran un “algo” divino en mi pecho.
Gracias Sai, porque Tú me has dado esto. Y gracias... por los sueños que me das. Que yo, cual Moisés durmiera en aquel cesto yo duermo en otro cesto: el cesto de Tu Paz.
Gracias Sai, por darme de Tu Vida. Artífice de mí, me miras y me asistes. Gracias Sai porque tu amor convida. Gracias Sai...¡Tan solo porque existes!
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